Liberalismo enredado: la confusión conceptual que distorsiona el debate político entre América Latina y el mundo anglosajón

América Latina arrastra desde hace décadas una confusión conceptual que no es menor: el uso del término “liberal” como sinónimo casi exclusivo de liberalismo económico. Esa interpretación, profundamente arraigada en el debate público regional, choca de frente con el significado que la palabra tiene en Estados Unidos, el Reino Unido y buena parte de Europa. El resultado es un permanente malentendido político, mediático y cultural que distorsiona la lectura de noticias internacionales y contamina el debate interno.

En el imaginario latinoamericano contemporáneo, “ser liberal” implica defender el libre mercado, la reducción del Estado, la baja de impuestos, la apertura comercial y una visión económica ortodoxa. En términos prácticos, el liberal es percibido como alguien ubicado a la derecha del espectro político. Esta acepción se consolidó especialmente en países marcados por experiencias estatistas, populistas o intervencionistas, donde el liberalismo económico se presentó como una reacción o alternativa.

Sin embargo, en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y gran parte de Europa occidental, el término “liberal” significa algo muy distinto. Allí, un liberal es alguien progresista en lo social, defensor de derechos civiles ampliados, políticas de inclusión, regulaciones ambientales, un Estado activo en educación y salud, y una mayor intervención pública para corregir desigualdades. En el mapa ideológico anglosajón, un liberal está claramente más cerca de la izquierda que de la derecha.

Este choque semántico genera interpretaciones erróneas constantes. Cuando en América Latina se leen noticias sobre “liberals” en Estados Unidos, muchos asumen automáticamente que se trata de sectores promercado o afines a ideas económicas liberales clásicas. En realidad, suelen ser votantes o dirigentes cercanos al Partido Demócrata, críticos del capitalismo desregulado y promotores de políticas redistributivas. Es decir, exactamente lo opuesto a lo que el término “liberal” evoca en el discurso latinoamericano.

La confusión se profundiza aún más cuando se analiza el otro extremo del espectro. En Estados Unidos y Europa, quienes defienden el libre mercado, la reducción del gasto público, impuestos bajos y mínima intervención estatal no son llamados liberales, sino “conservatives” o “conservadores”. Allí, el conservadurismo combina liberalismo económico con valores tradicionales o una visión institucional más rígida. En América Latina, en cambio, esos mismos postulados económicos son etiquetados como “liberales”, aunque muchas veces convivan con posturas culturales diversas o incluso progresistas.

Este desfasaje no es solo lingüístico; tiene consecuencias políticas concretas. Importamos debates, slogans y titulares sin traducir su contexto ideológico real. Se celebran o demonizan figuras extranjeras por lo que “parecen” ser, no por lo que efectivamente representan en sus propios sistemas políticos. Así, un “liberal” estadounidense puede ser citado como ejemplo de políticas que en América Latina serían catalogadas como socialdemócratas o de centroizquierda.

La raíz del problema es histórica. En América Latina, el liberalismo quedó asociado casi exclusivamente a su dimensión económica, en parte por las reformas estructurales de fines del siglo XX y por la oposición al estatismo predominante. En el mundo anglosajón, en cambio, el liberalismo evolucionó hacia una defensa de libertades civiles, derechos individuales y un Estado garante de igualdad de oportunidades, incluso a costa de mayor regulación económica.

Entender esta diferencia no es un ejercicio académico menor. Es una condición básica para interpretar correctamente la política internacional, evitar diagnósticos errados y elevar la calidad del debate público regional. Mientras América Latina no distinga con claridad entre liberalismo económico y liberalismo político-social, seguirá leyendo el mapa ideológico global con categorías equivocadas y discutiendo, muchas veces, sobre conceptos que no significan lo mismo a ambos lados del continente.

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