Ya no te quiero más … Argentina
Ahora sí … ¡¡¡ ya no te quiero más … Argentina !!!!(Por Eduardo Fiore)
Hoy tengo 74 años y vengo de despedir a mi hijo menor, que parte con su esposa y mi nieto a residir en EE. UU. Me jubilé a los 68 años de edad, con 46 años de aportes previsionales y una vida entera dedicada a trabajar y estudiar, con el objetivo, junto a la madre de mis hijos, de formar una familia. Tuvimos tres hijos y una lucha incansable por su educación, salud y progreso.

Hace aproximadamente 20 años, mi hija, psicóloga, casada, no encontraba buen trabajo y se instalaron en Orlando, Florida, EE. UU. donde llevan una vida razonablemente grata. Mi primer hijo ingresó a trabajar en una empresa argentina con varias casas en distintos lugares, al tiempo surgió la posibilidad de expandirse a San Pablo, Brasil, de lo que se encargó mi muchacho. Fue a vivir a San Pablo donde tomó el trabajo con todo entusiasmo: hoy se han expandido a Río de Janeiro, Brasilia y Foz de Iguazú … mientras la misma empresa, en Argentina prácticamente ha desaparecido. Mi hijo menor con su esposa trabaja en la empresa de informática posiblemente más importante del mundo. La oficina de atención a toda Sud América estaba en Buenos Aires y ahí trabajaban ellos, siempre viajando. Después de las elecciones pasadas, ¡¡¡la Empresa traslada su oficina de atención a Sud América … de Buenos Aires a Miami!! y ahí destinan a mi niño y mi nuera quienes, como comencé, viajaron ayer tras solucionar todos los problemas que implican estos traslados.
Y hoy me pregunto: ¡¡¡ ¿en qué clase de país he hecho semejante esfuerzo? ¡! ¿¿Valió la pena consagrar la vida para llegar aquí?? Si observo esta sociedad, yo la veo:a) Dirigida por corrutos mentirosos, consientes de que están prometiendo lo que no van a poder cumplir … porque NO es posible cumplirlo … y ellos lo saben.b) Un grupo no menor de INÚTILES que se hacen llamar “Doctor”, “Excelencia”, “Magistrado” … ¡¡¡ “Su Señoría “!! que viven de impuestos que ellos NO PAGAN, se jubilan cuando quieren y cobran valores astronómicos por su inoperancia.c) Otro grupo de “sanguijuelas” que se dicen LEGISLADORES y que, como los anteriores, sólo pretenden jubilarse con retiros extraordinarios, vivir sin poner de su bolsillo y continuar su vergonzosa actitud. (el congreso nacional tuvo el último año cantidad mínima de sesiones, en ambas cámaras).d) Un Ejército Invasor que se hace llamar sindicalismo y que sirve para apropiarse, unos pocos, de los aportes de los idio-trabajadores y para ahuyentar posibles nuevas inversiones. Desde luego protegido por el grupo de “Señorías” antes enunciado.Y ¿cómo responde la sociedad a estos “estímulos”?A mi criterio, con un continuado y profundo proceso de IDIOTIZACIÓN que se manifiesta casi constantemente en la vida cotidiana: a) los hechos de Villa Gesell y similares.b) la noble y esforzada lucha de la mujer por una igualdad largamente esperada y merecida.c) la actitud de hordas invasoras que interrumpe el tránsito de los que trabajamos, en las calles de las ciudades.d)
La actitud de considerar que existen 29.870 Derechos Humanos sólo en este país y para los que no trabajan, desde luego. -Y me miro yo, y veo:a) Un tonto que trabajó 50 años de su vida para lograr una familia que NO tiene.b) Un tonto que, como la jubilación tras 46 años de aportes no es menor, entonces PAGA IMPUESTO A LAS GANANCIAS¡!! como si la jubilación fuera una ganancia y no el retorno de lo que ya aportaste (gracias a “Sus Señorías” por esta legislación).c) Un tonto que, como tiene un servicio de salud adicional que paga mensualmente, NO SE LE PRESTA NINGÚN SERVICIO DE SALUD … aunque SÍ se le ¡cobra! Creo que … estoy ¡¡BASTANTE ASQUEADO!!
por: Eduardo Fiore enfiore@yahoo.com
El país que expulsa a sus hijos: el trasfondo social de una carta de despedida a la Argentina
La carta escrita por Eduardo Fiore, un jubilado de 74 años, no es solo un testimonio personal atravesado por el dolor de ver partir a sus hijos al exterior. Es el reflejo de un malestar social profundo que atraviesa a una parte significativa de la sociedad argentina, especialmente a quienes dedicaron su vida al trabajo, al estudio y al cumplimiento de las reglas con la expectativa de progreso y estabilidad.
Fiore pertenece a una generación que creyó en el contrato social implícito del país: esfuerzo a cambio de movilidad social, educación como herramienta de ascenso y una jubilación digna como recompensa. Sin embargo, ese contrato aparece roto. Sus tres hijos —profesionales y calificados— desarrollaron sus proyectos de vida fuera de la Argentina, no por elección ideológica, sino por falta de oportunidades, previsibilidad y horizonte económico. La emigración, en este contexto, deja de ser una decisión individual y se convierte en un síntoma estructural: el país forma capital humano que luego no logra retener.
El texto también expresa una percepción extendida de un Estado que recauda mucho y devuelve poco. Jubilaciones gravadas con impuestos, servicios de salud pagos que no responden y una presión fiscal que no se traduce en calidad institucional alimentan la sensación de abuso y desprotección. A esto se suma una fuerte desconfianza hacia la dirigencia política, judicial y sindical, vista como una élite con privilegios, desconectada de los sacrificios cotidianos de la mayoría.
La crítica se extiende al modo en que se administran los derechos y la asistencia social, donde el autor percibe una injusticia entre quienes aportan durante décadas y quienes, a su entender, reciben sin contribuir. Más allá del tono, esta mirada revela un conflicto de fondo entre la cultura del esfuerzo y un sistema que no logra equilibrar equidad con responsabilidad.
Finalmente, la carta expone un costado menos visible de la crisis: el impacto emocional en los adultos mayores. La vejez llega, en muchos casos, sin reconocimiento, con ingresos erosionados por la inflación y con familias fragmentadas por la emigración. El resultado es una mezcla de tristeza, enojo y desencanto que se traduce en una pregunta brutal: ¿valió la pena?
Lejos de ser un exabrupto aislado, la carta funciona como un documento social. Una radiografía cruda de un país que, al no ofrecer futuro, termina perdiendo lo más valioso que tiene: su gente.
