¿Son son los «Gemelos Digitales» y cuales son los riesgos sociales?
El informe presenta un caso que va más allá de una discusión tecnológica: plantea interrogantes sobre los límites éticos del Estado, la privacidad, la autonomía individual y el equilibrio entre eficiencia y derechos fundamentales. Es importante distinguir entre los riesgos potenciales de la tecnología y las evidencias disponibles. El anuncio, tal como se describe, aún carece de información suficiente para concluir que esos riesgos se materializarán, pero sí existen preocupaciones razonables que merecen análisis.

1. Riesgos para la privacidad y la protección de datos
El principal desafío ético es el tratamiento de información personal.
Si un gemelo digital se alimenta de datos de salud, educación, empleo, asistencia social, ingresos y ubicación territorial, el Estado podría construir uno de los perfiles digitales más completos que haya existido sobre cada ciudadano.
Los riesgos incluyen:
- utilización de datos para fines distintos a aquellos para los que fueron recolectados;
- ausencia de consentimiento informado;
- dificultades para anonimizar datos cuando múltiples bases se cruzan;
- filtraciones de información altamente sensible;
- aumento del impacto de un eventual ciberataque.
Cuanto más completa sea la base de datos, mayor será el daño potencial en caso de un uso indebido.
2. Vigilancia permanente
Uno de los mayores dilemas morales es el paso de un Estado que administra información hacia un Estado que puede observar comportamientos sociales de manera continua.
Aunque el objetivo declarado sea mejorar las políticas públicas, existe el riesgo de generar una infraestructura capaz de monitorear a la población de forma permanente.
Experiencias internacionales muestran que una infraestructura creada con fines legítimos puede ser utilizada posteriormente con otros objetivos si cambian las prioridades políticas.
Aquí aparece el llamado «efecto de misión expandida» (function creep): un sistema creado para una finalidad termina siendo utilizado para muchas otras.
3. Pérdida de autonomía y decisiones automatizadas
Si un algoritmo comienza a recomendar:
- quién recibe una ayuda social,
- quién tiene mayor riesgo de abandonar la escuela,
- quién podría quedar desempleado,
- quién merece una auditoría,
las personas podrían terminar siendo evaluadas por modelos matemáticos antes que por funcionarios responsables.
Esto plantea varios problemas:
- falta de explicabilidad;
- dificultad para impugnar decisiones;
- deshumanización del proceso administrativo.
La ética pública exige que siempre exista un responsable humano detrás de las decisiones relevantes.
4. Sesgos algorítmicos
La inteligencia artificial aprende de datos históricos.
Si esos datos contienen desigualdades sociales, económicas o geográficas, el modelo puede reproducirlas o incluso amplificarlas.
Por ejemplo:
- barrios históricamente pobres podrían ser clasificados como permanentemente vulnerables;
- determinadas regiones podrían recibir evaluaciones menos favorables;
- ciertos grupos sociales podrían aparecer sistemáticamente como «de mayor riesgo».
El problema es que el algoritmo puede otorgar apariencia de objetividad a decisiones que en realidad reflejan sesgos presentes en los datos.
5. Riesgo de «scoring social»
Uno de los escenarios más discutidos por especialistas es la creación de sistemas de puntuación social.
Aunque el Gobierno no haya anunciado algo semejante, técnicamente un gemelo digital podría permitir elaborar perfiles extremadamente detallados.
Esto podría derivar, por ejemplo, en clasificaciones según:
- nivel de vulnerabilidad;
- probabilidad de fraude;
- riesgo sanitario;
- comportamiento económico;
- comportamiento social.
El dilema ético consiste en evitar que las personas sean definidas por una puntuación calculada por un algoritmo, limitando sus oportunidades o acceso a derechos.
6. Concentración del poder estatal
Cuanta más información concentra un Estado en un único sistema, mayor es el poder que adquiere sobre la sociedad.
Esto genera preguntas importantes:
- ¿Quién controla al controlador?
- ¿Quién audita el algoritmo?
- ¿Quién verifica que el sistema no sea utilizado políticamente?
- ¿Qué ocurre cuando cambia el gobierno?
Las herramientas tecnológicas sobreviven a las administraciones que las crean.
7. Dependencia tecnológica
Si el desarrollo termina dependiendo de una empresa privada internacional, aparecen nuevos riesgos:
- pérdida de soberanía tecnológica;
- dependencia de proveedores externos;
- dificultades para auditar el código;
- posibles conflictos sobre la propiedad de los datos.
En sistemas públicos de alta sensibilidad, la transparencia tecnológica adquiere una dimensión ética.
8. Falta de transparencia
El informe señala que aún no se conocen aspectos fundamentales:
- software utilizado;
- arquitectura tecnológica;
- presupuesto;
- empresas participantes;
- mecanismos de auditoría;
- bases de datos involucradas.
Desde una perspectiva ética, la confianza pública requiere transparencia suficiente para que la sociedad comprenda cómo funciona el sistema y qué límites tiene.
9. Predicción versus determinismo
Existe un riesgo filosófico importante.
Si un modelo predice que una comunidad tendrá altos niveles de desempleo o deserción escolar, los responsables políticos podrían asumir esa predicción como un hecho inevitable.
Las predicciones nunca son certezas.
Existe el peligro de que las personas pasen a ser tratadas según lo que un algoritmo estima que harán, en lugar de por sus acciones reales.
10. Riesgos democráticos
Las decisiones públicas deben ser:
- comprensibles;
- justificables;
- revisables.
Cuando un algoritmo complejo participa en la formulación de políticas públicas, surge el problema de la rendición de cuentas.
Si una política fracasa:
- ¿es responsable el ministro?
- ¿el desarrollador?
- ¿la empresa?
- ¿el modelo matemático?
La democracia necesita responsables claramente identificables.
Consideraciones éticas y morales
Más allá de los aspectos técnicos, el debate involucra principios fundamentales:
- Respeto por la dignidad humana: las personas no deberían reducirse a conjuntos de datos o perfiles predictivos.
- Autonomía: los ciudadanos deben conservar capacidad de decisión y no quedar condicionados por clasificaciones algorítmicas.
- Justicia: los beneficios y riesgos del sistema deben distribuirse de manera equitativa, evitando discriminaciones.
- Transparencia: la sociedad debe saber qué datos se utilizan, con qué propósito y bajo qué controles.
- Responsabilidad: siempre debe existir supervisión humana y mecanismos claros para corregir errores y apelar decisiones.
Posibles beneficios (si se implementa correctamente)
También es importante reconocer que los gemelos digitales no son, por definición, una tecnología negativa. Con un diseño adecuado, podrían aportar valor al sector público:
- simular el impacto de políticas antes de implementarlas;
- optimizar el uso de recursos públicos;
- detectar necesidades sociales con mayor anticipación;
- mejorar la planificación sanitaria, educativa o de infraestructura;
- reducir errores en la asignación de prestaciones.
Estos beneficios dependen de condiciones estrictas, como una gobernanza transparente, auditorías independientes, protección robusta de datos personales, cumplimiento del marco legal vigente y participación de especialistas y de la sociedad civil.
Conclusión
El informe no demuestra que el «Gemelo Digital Social» vaya a vulnerar derechos, ya que muchos aspectos del proyecto aún no han sido definidos públicamente. Sin embargo, sí identifica preocupaciones legítimas sobre privacidad, transparencia, sesgos, vigilancia y gobernanza. En ese contexto, el debate ético no debería centrarse únicamente en si la inteligencia artificial puede mejorar las políticas públicas, sino en cómo garantizar que lo haga respetando los derechos fundamentales, la rendición de cuentas y los principios democráticos. La tecnología puede ser una herramienta valiosa, pero su legitimidad dependerá tanto de sus resultados como de las salvaguardas que acompañen su diseño e implementación.
