Caso Banco Galicia y la filtración de información sobre cliente que retiró dinero: Caso Alfredo Ibañez

En 2014, una noche de violencia en Temperley cambió para siempre la vida de Alfredo Ibáñez y su familia. A once años del episodio, la herida sigue abierta: Ibáñez no solo reclama justicia por el ataque sufrido dentro de su casa, sino que apunta a una presunta responsabilidad del Banco Galicia en lo que describe como un posible caso de filtración de información sensible.
Ibáñez había retirado pertenencias de su caja de seguridad del Banco Galicia. Dos días después, una banda armada ingresó a su domicilio. El asalto fue violento: lo balearon, lo redujeron y se llevaron dinero y teléfonos celulares. Según consta en la denuncia, se rastreó el celular robado. La señal —según el seguimiento de antenas, que fue parte de la investigación original— ubicaba ese dispositivo dentro de una sucursal del Banco Galicia, en la Ciudad de Buenos Aires.
El dato abrió dos hipótesis que Ibáñez y sus abogados sostienen desde entonces:
1) Que uno de los asaltantes trabajaba dentro del Banco Galicia.
2) Que empleados del banco habrían filtrado información sobre el retiro en la caja de seguridad, y podrían haber participado del hecho o brindado información a terceros.
Ninguna de estas hipótesis fue descartada formalmente por la investigación judicial. Pero tampoco fue profundizada a fondo. Durante once años, el caso avanzó con pasos lentos, interrumpido por cambios de fiscales, falta de pericias, burocracia y un silencio institucional que alimenta la sensación de impunidad.
Ibáñez sostiene que el banco, ante la evidencia del rastreo telefónico, se limitó a negar vínculos y a desentenderse de la situación. Hoy, con el paso del tiempo, reclama lo mismo que desde el primer día: colaboración, transparencia y una investigación interna que nunca ocurrió. Su postura es clara: “No acuso a nadie en concreto. Lo único que pido es que se investigue por qué el celular robado terminó dentro del banco y quién filtró la información de mi caja de seguridad”.
La entidad financiera, consultada reiteradas veces por el denunciante, nunca emitió —al menos públicamente— una explicación que clarifique el episodio. Tampoco informó si se realizaron auditorías internas, revisiones de personal, o si se rastreó quién podía haber accedido a información de cajas de seguridad.
Lo que para la familia Ibáñez fue un asalto brutal, para el sistema judicial se transformó en un expediente con zonas oscuras. Los años pasaron, pero la intriga permanece intacta: ¿por qué un celular robado terminó dentro de un banco? ¿Cómo se enteraron los delincuentes de que Ibáñez había retirado valores de su caja fuerte? ¿Hubo connivencia interna? ¿O fue un golpe casual que coincidió con el momento exacto del retiro?
Sin respuestas, la historia sigue abierta. Alfredo Ibáñez continúa reclamando que este caso no quede archivado bajo el polvo del olvido judicial y que Banco Galicia asuma, si no responsabilidades directas, al menos el deber de investigar lo que ocurrió dentro de sus muros.
Once años después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién organizó el asalto y cómo obtuvieron la información? Hasta ahora, nadie dio una explicación convincente.
