La verdad detrás del Black Friday y el Cyber Monday en Argentina: cuando la oferta es una ilusión

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Cada año, cuando se acercan el Black Friday y el Cyber Monday, las grandes cadenas comerciales, los marketplaces y miles de tiendas digitales inundan las pantallas con anuncios de “descuentos imperdibles”, “rebajas históricas” y “oportunidades únicas”. Sin embargo, detrás de ese clima de euforia consumista, se esconde un mecanismo cada vez más evidente: la mayoría de los precios no bajan realmente. Por el contrario, se inflan artificialmente semanas antes para luego simular rebajas que, en muchos casos, solo devuelven el valor al monto original.

La práctica no es nueva, pero en los últimos años se ha vuelto más sistemática. Distintos relevamientos de asociaciones de consumidores, observatorios de comercio electrónico e incluso auditorías privadas demostraron que numerosos productos aumentan significativamente entre 20 y 45 días antes de estas fechas comerciales. Al llegar el Black Friday o el Cyber Monday, esos mismos artículos exhiben supuestos descuentos del 20%, 30% o 40%, que en realidad no son tales: se trata simplemente de una restauración del precio previo, maquillado bajo el concepto de promoción.

El mecanismo se vuelve aún más eficaz por el comportamiento del consumidor argentino, que convive con una inflación persistente. En un contexto donde los precios cambian todas las semanas, resulta difícil para el comprador promedio recordar valores previos o identificar maniobras engañosas. Este punto es clave: el desconcierto inflacionario funciona como aliado de las estrategias de marketing.

Las empresas, por su parte, justifican los incrementos previos bajo el argumento de los costos logísticos, la reposición de stock o la volatilidad del dólar. No obstante, los datos muestran que los aumentos previos a estas fechas exceden los ajustes habituales y se concentran en categorías específicas: electrónica, electrodomésticos, productos de cosmética, indumentaria y artículos para el hogar, justamente aquellas con mayor demanda durante los eventos de descuentos masivos.

El consumidor suele creer que está obteniendo una oportunidad excepcional cuando en realidad está cayendo en un circuito diseñado para estimular el consumo sin ofrecer ventajas reales. Esta dinámica se potencia por la presión publicitaria, que moviliza millones en campañas digitales, influencers y anuncios segmentados. La narrativa es siempre la misma: “es ahora o nunca”. Pero lo cierto es que el ahora no es distinto al mes pasado, excepto porque el precio fue manipulado.

Las organizaciones de defensa del consumidor insisten en la necesidad de monitorear los valores con anticipación, comparar en distintos sitios y desconfiar de descuentos demasiado agresivos. Aun así, la falta de regulaciones contundentes permite que estas prácticas sigan operando en un terreno de impunidad comercial: no existe una normativa clara que prohíba subir precios antes de eventos de descuento, ni un control estatal exhaustivo que fiscalice variaciones sospechosas.

El Black Friday y el Cyber Monday se presentan como celebraciones del ahorro, pero en Argentina funcionan más como una puesta en escena cuidadosamente planificada. No se trata de un beneficio real para el consumidor, sino de un dispositivo de marketing que aprovecha las expectativas y la desinformación.

La conclusión es incómoda pero necesaria: gran parte de las “ofertas” no son más que espejismos. Y mientras el público crea que está ganando, la verdad es que la estrategia está diseñada para que ganen siempre los mismos.