Terrabusi de Mondalez: Menos relleno, más marketing: el deterioro silencioso de los alimentos en Argentina

baja calidad alimentos argentina

La imagen es elocuente. Dos galletitas dulces de chocolate, marca Terrabusi (Mondelez), abiertas para mostrar su interior. En una, el relleno blanco cubre apenas el centro; en la otra, la capa es todavía más pobre, irregular y casi transparente. Arriba, el envase promete otra cosa: galletas generosamente rellenas, con una crema abundante, pareja y visualmente atractiva. La diferencia entre lo que se vende en el paquete y lo que recibe el consumidor es difícil de ignorar.

No se trata de un caso aislado. Es un ejemplo concreto de un fenómeno que se viene profundizando en la Argentina desde mediados de los años 2000: la reducción sistemática de calidad en alimentos industrializados, sin reducción proporcional del precio, en un contexto de controles estatales débiles o inexistentes.

Una estafa normalizada

Esta galletita no es un error de fábrica. Es un producto diseñado así.

El relleno escaso no es una falla: es una política de costos.
La masa pobre no es casual: es ingeniería financiera aplicada a alimentos.
El envase engañoso no es un descuido: es marketing deliberado.

Lo que se ve en la imagen es el síntoma visible de una economía donde la inflación, la falta de competencia real y la ausencia de controles permiten que los alimentos se conviertan en simulacros de lo que alguna vez fueron.

En Argentina ya no se vende lo que se muestra.
Se vende lo que se puede abaratar.

El producto exhibe en su frente tres sellos negros de advertencia:

  • “Exceso en azúcares”
  • “Exceso en grasas totales”
  • “Exceso en grasas saturadas”
  • “Exceso en calorías”

Es decir, no sólo es un producto nutricionalmente pobre, sino que además el componente que justifica su consumo —el relleno cremoso y el chocolate— aparece visiblemente reducido.

La galleta muestra:

  • Relleno escaso y mal distribuido
  • Masa de baja densidad, más aireada, con menor presencia de cacao
  • Ausencia de chocolate real, reemplazado por grasas vegetales saborizadas

En términos industriales, esto se conoce como shrinkflation de calidad: el producto mantiene su tamaño, pero se abaratan sus componentes internos.

Marketing versus realidad

En la portada del paquete, las galletitas aparecen con:

  • Capas gruesas de relleno
  • Colores más oscuros, que sugieren chocolate real
  • Texturas cremosas que no existen en el producto real

Esto bordea lo que en otros países sería considerado publicidad engañosa, ya que el consumidor compra un producto basado en una representación que no coincide con lo que recibe.

En mercados con regulaciones activas —como la Unión Europea o Canadá— estas prácticas suelen derivar en multas o cambios obligatorios en el packaging. En Argentina, prácticamente no ocurre.

El quiebre después de 2007

A partir de 2007, con inflación crónica, controles de precios y distorsiones en costos, muchas empresas alimenticias adoptaron una estrategia común:

  • Mantener el precio de góndola
  • Reducir el gramaje o la calidad
  • Reemplazar ingredientes nobles por sustitutos más baratos

Chocolate → grasa vegetal saborizada
Leche → suero
Azúcar → jarabes
Manteca → aceites hidrogenados

El consumidor promedio no lo percibe de inmediato. Pero con el tiempo, la textura, el sabor y el relleno se degradan, como lo evidencia esta imagen.

El rol del Estado ausente

El problema no es solo empresarial. Es estructural. El Estado argentino:

  • No controla proporciones mínimas de relleno
  • No exige que la imagen del envase refleje el contenido real
  • No sanciona la degradación de calidad
  • Solo regula etiquetas nutricionales, no integridad del producto

Así, las compañías multinacionales aplican en Argentina estándares que no aplicarían en Europa o Estados Unidos.

El resultado es un mercado de segunda categoría, donde los consumidores pagan precios internacionales por productos de calidad degradada.

Una estafa normalizada

Esta galletita no es un error de fábrica. Es un producto diseñado así.

El relleno escaso no es una falla: es una política de costos.
La masa pobre no es casual: es ingeniería financiera aplicada a alimentos.
El envase engañoso no es un descuido: es marketing deliberado.

Lo que se ve en la imagen es el síntoma visible de una economía donde la inflación, la falta de competencia real y la ausencia de controles permiten que los alimentos se conviertan en simulacros de lo que alguna vez fueron.

En Argentina ya no se vende lo que se muestra.
Se vende lo que se puede abaratar.

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